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Erase que se era
Érase que se era
 

Eramos una vez un grupo de nueve o diez
que coincidía cada noche:
una suerte de sueños que hacían cuadrilla,
unos buenos muchachos riendo juntos.
Érase que se era una vez...

Por esa época se amaba tanto, qué sé yo:
¡qué época tanta de amores!
Desfilábamos juntos, se hacían poemas,
y las calles que buenos gustos tenían.
Érase que se era una vez...

De uno
en fondo
pasábamos
por la misma canción:
era uno,
eran dos,
eran tantos qué sé yo,
pero era
bonito
mirarnos, vernos sufrir.
Érase que se era una vez...

Era
imposible
pasar
un sólo día sin morir,
sin gritar,
sin reír,
sin comprender, sin amar.
Qué desastre
de gente
que no podía estar en paz.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si fue el tiempo
que lo vuela todo,
o si fuimos nosotros
detonando el tiempo,
pero nos fragmentamos
como una granada.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si ha llovido
una lluvia que moje
cada esquirla en el sitio
en que haya caído,
si hay guardada una tarde
común en el tiempo.
Érase que se era una vez...

Yo no sé si ha servido
de algo o de nada
que haya habido pasado
y que quede recuerdo.
Yo no sé si mañana
pensaré lo que hoy vivo.
Érase que se era una vez...

(1969)

 
Martianos
 


Yo soy un grano de arena,
una hoja más en un árbol
y cada ola me enseña
y cada brisa trae algo.

No he visto todas las tierras,
no he visto todos los mares,
pero he sentido la guerra
silbando por todas partes.

Cuando nací me dijeron:
naciste por la esperanza.
Así le digo a mi hijo
y parto hacia la matanza.

Quiero que pare la muerte,
yo quiero que pare el frío
para poder dedicarme
a flor, a viento y a río.

El mundo me dio las manos,
dos reinos que hacen suerte.
Llevo una flor en la diestra
que es el reino de la muerte.

De amor yo vivo y de espada,
de boca y puertas abiertas.
Hay que vivir de una bala.
Hay que morir de una fiesta.

Qué duras son esas noches
en que queremos ser buenos
y hay que matar sollozando
y hay que morir sonriendo.

(1969)

 
Después que canta el hombre
 

Después que canta, el hombre queda solo,
solo en la soledad de su cabeza,
solo en la soledad de las butacas
y una mortaja de aire hace silencio.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.

Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo.
Qué no sabrá del abandono la guitarra.

Después que canta el hombre queda solo,
pues cada uno regresa a sus pisadas.
Le dejan las palabras en la alfombra.
La hora de la palabra fue la escena.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.

Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo.
Qué no sabrá del abandono la guitarra.

Después que canta, el hombre queda solo,
sobreviviendo a igual incertidumbre.
Pero de nuevo ordena sus conciertos
como un ágel postizo que insistiese.
Sabe que ahora, de pronto, se hace luego,
aunque después que cante quede ciego.

Se mira entonces la guitarra y se le guiña un ojo.
Qué no sabrá del abandono la guitarra.

(1969)

 
El matador
 

Siento un hilo profundo
que atraviesa el espacio
-de tiempo en tiempo llega
despacio-.
Siento olor de llanuras
llenas de peregrinos
-la llanura se llama
camino-.

Siento de pronto el gusto
de un raro mineral,
me siento a veces hombre
y muchas animal.
Se confunde el deseo
de calentar la piel
con rugidos lejanos
que recuerdan mujer.

Y en una playa angosta caen del cielo
estas reminiscencias de veneno.
Yo no sé, pero hay días sin reposo
que lo que tenga cerca lo destrozo
muy primitivamente, casi salvajemente,
con odio, con desprecio, con rencor,
con palabras hirientes, con garras y con dientes,
con rabia, con violencia, con horror.

Le he cantado a la muerte
como nadie con vida,
mas yo dijera siempre:
querida.
Junto a cada palabra
hay cuerpos de millones
y los maté yo mismo:
perdonen.

A veces se me olvida
que mato por vivir
y olvido los entierros
y no quiero dormir.
El día que me acusen
no me defenderé:
esta culpa es muy vieja, de todos la heredé.

Y en una playa angosta caen del cielo
estas reminiscencias de veneno.
Yo no sé, pero hay días sin reposo
que lo que tenga cerca lo destrozo
muy primitivamente, casi salvajemente,
con odio, con desprecio, con rencor,
con palabras hirientes, con garras y con dientes,
con rabia, con violencia, con horror.

(1970)

 
El dia en que voy a partir
 

No te muevas.
Quiero conservar este instante así,
tú junto a la ventana como a contraluz,
yo echado en el lecho, queriendo mirar
los ojos profundos del sol
detrás de tu cuerpo feliz
desnudo, desnudo, ya es
el día en que voy a partir.

No te muevas.
Si puede estar quieta la felicidad,
si puede volverse de piedra el amor,
convierte en estatuas los días y el mar.
Quizás te comprenda mejor
o al menos conforme ya esté
repleto de piedras sin ser,
el día en que voy a partir.

No te muevas.
Y dime si es hora de irse a dormir.
Mañana me espera un sabor de mujer.
Lo tengo guardado en los ojos, y sé
que un beso muy frío será,
el beso que no me darás,
las noches los días, después
del día en que voy a partir.

(1969)

 
La cancion de la trova
 

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo,
las cosas suelen transformarse
siempre al caminar.
Pero tras la guitarra habra siempre una voz
mas vista o mas perdida por la incomprension
de ser uno que siente, como en otro tiempo
fue tambien

Hay tambien corazones que hoy se sienten detenidos.
Aunque sean otros tiempos hoy,
y mañana sera tambien:
se sigue conversando con el mar.

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo,
no importa la palabra
que se diga para amar,
pues siempre que se cante con el corazon
habra un sentido atento para la emocion de ver
que la guitarra es la guitarra
sin envejecer.

(1967)

 
Que levante la mano la guitarra
 

Sufrir, ¿que forma tiene, que cabeza?
Al dolor, ¿que matices lo acompañan?
¿Con que ojos nos busca la tristeza?
¿De que color pinto su paz extraña?
¿Como camina la tristeza?

Hable quien conozca su patria.
Quien la define, donde vive,
¿que mujer tuvo esas entrañas?
¿Que quiere de nosotros nuestra sombra?

Que levante la mano la guitarra.

(1968)

 
Nunca he creido que alguien me odia
 

Nunca he creido que alguien me odia,
aunque me hallan querido matar.
Tras mis asesinos se esconde otra fuerza
que si es mi enemiga mortal.
Todos los tipos de muerte hacen cola
ante mi puerta esperando su hora.
El instrumento es quien cambia de rostro,
pero yo se que hay un unico odio.

Se que todas las palabras
con que le canto a la vida
vienen con muerte tambien.
Se que el pasado me odia
y que no va a perdonarme
mi amor con el porvenir.
Por eso manda verdugos
con todos los uniformes
mi asesino es el pasado,
aunque con mano de hombre.

Siempre que un hombre le pega a otro hombre
no es al cuerpo al que le quiere dar.
En ese puño va el odio a una idea
que lo agrede, que lo hace cambiar.
Cuando lo quieto se siente movido
todo cambia de sentido.
Y en la medida en que todo acelera
sigue cambiando la esfera.

Siempre tendre un enemigo
con el semblante arrugado
y mas cansado que yo.
Los que a lo largo de su sombra
quieren cortar la medida
de toda revolucion.
Y ya se dijo que es mas grande,
que el mas grande de nosotros.
Y ya se dijo que se hace para otros.

(1972)

 
Oda a mi generación
 

A los veintisiete días de mayo del año setenta
un hombre se sube sobre sus derrotas,
pide la palabra momentos antes de volverse loco.
No es un hombre, es un malabarista de una generación.
No es un hombre, es quizás un objeto de la diversión,
un juguete común de la historia
con un monograma que dice bufón.
Ese hombre soy yo.

Pero debo decir que me tocó nacer en el pasado
y que no volveré.
Es por eso que un día me vi en le presente,
con un pie allá, donde vive la muerte,
y otro pie suspendido en el aire, buscando un lugar,
reclamando tierra de futuro para descansar.
Así estamos yo y mis hermanos,
con un precipicio en el equilibrio
y con ojos de vidrio.

Ahora quiero hablar de poetas,
de poetas muertos y poetas vivos,
de tantos muchachos hijos de esta fiesta
y de la tortura de ser ellos mismos,
porque hay que decir que hay quien muere
sobre su papel,
que vivirle a la vida su talla tiene que doler.
Nuestra vida es tan alta, tan alta
que para tocarla casi hay que morir,
para luego vivir.

Yo no reniego de lo que me toca,
yo no me arrepiento pues no tengo culpa,
pero hubiera querido poderme jugar
toda la muerte allá, en el pasado,
o toda la vida en el porvenir
que no puedo alcanzar.
Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar.
Sé que hay que seguir navegando,
sigan exigiéndome cada vez más
hasta poder seguir o reventar.

(1970)

 
Todo el mundo tiene su Moncada
 

Menos mal que existen
los que no tienen nada que perder,
ni siquiera la muerte.
Menos mal que existen
los que no miden que palabra echar,
ni siquiera la última.

Se arriman
a la noche y al día
y sudan
si hay calor y si hay frío se mudan.

No esperan
echar sombra o raíces
pues viven
disparando contra cicatrices.

Escuchan
se proyectan y lloran
debajo
de sus huellas con tanto trabajo.

Se mueren
sin decir de que muerte
sabiendo
que en la gloria también se está muerto.

Menos mal que existen
menos mal que existen
menos mal que existen
para serlo.

Menos mal que existen
los que no tienen nada que perder,
ni siquiera la historia.

Menos mal que existen
los que no dejan de buscarse así
ni siquiera en la muerte
de buscarse así.

(1968)

 
No aparezcas más sin avisar
 

No me escribas más sin avisar,
no me escribas más de cosas que no vuelven,
no me escribas más así que me abandono,
no me escribas más, si después no vuelves,
no me escribas más, si después no vuelves.

No me digas más lo que pasó,
no me digas más que me enseñaste un río,
no me digas más que me suenan los dientes,
no me digas más que ya tengo frío,
no me digas más que ya tengo frío.

No te quiero ver sin corazón,
no te quiero ver como una cosa más,
no te quiero ver de nuevo brevemente,
no te quiero ver y después llorar,
no te quiero ver y después llorar.

No aparezcas más lejos de mí,
no aparezcas más, que tu sombra de palma,
no aparezcas más, que siempre me derrumbas,
no aparezcas más, tengo con tu fantasma,
no aparezcas más, tengo con tu fantasma.

Déjame cantar, como cante,
déjame cantar, dame un poco de tiempo,
déjame cantar fuera de tus fronteras,
déjame cantar a los cuatro vientos,
déjame cantar como si no te viera.

(1970)

 
Más de una vez
 

Más de una vez me han echado a la calle
por reír donde debo estar llorando,
por llorar donde debo estar riendo,
por callar donde debo estar hablando,
por hablar donde debo estar callado,
por hablar en voz baja de la fe,
por hablar en voz alta del amor.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

Más de una vez me han echado a la calle
por no sentir respeto por las flores,
por derramar comida en los manteles,
por darle de mi alcohol a algunos niños,
por desnudar deprisa a mis mujeres.
Más de una vez no tengo diversión:
más de una vez no tengo invitación.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

Más de una vez me han echado a la calle
por correr donde duermen los enfermos,
por fumar en los palcos del teatro,
por hacerle una mueca a mi maestro,
por llevar la cicuta en el bolsillo
desde que iba al colegio con un perro,
desde que me rompían la cabeza
por hablar demasiado del horror
y decirle asesino a un pescador.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

(1969)

 
Palabras
 

Cuando se ande descalzo, paso a paso de viento,
cuando venga del polvo la ciudad destruida,
que alguien cante una estrofa a las manos de un muerto,
que alguien diga algún verso a su espacio de vida.

Puede ser
que sus restos no se distingan en la ciudad,
que la perfección de la piedra no luzca piel.
Puede ser que su sangre no mueva una astronave,
puede ser que sus huesos no sirvan para torres,
puede ser que una estrella brille más que su voz.
Ha pasado que el llanto se convierte en palabras,
ha pasado que un hombre se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.

Cuando la muerte sea inalcanzable y rara,
cuando un mohoso grillete repose en la vitrina,
que se dé a cada hijo una flor y una bala,
que se sepa que el mundo va sembrado de vidas.

Se sabrá
que este ir y venir de piedras no se quedó,
que una lluvia lejana fue a mojar la ciudad.
Fijaremos con clavos las ventanas, los sueños,
los pedazos de tierra, la limpieza y el lodo,
las guitarras, las sillas, las piedras y el amor.
Porque ha pasado que historia se convierte en palabras,
ha pasado que el mundo se convierte en palabras,
ha pasado que todo se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.

(1970)

 
Terezín
 

Una pesadilla blanca
de chimeneas quemando sangre
para hijos de Judea
con rara estrella y rostro de hambre.

En invierno y verano es igual
tras alambres no hay estación.
Terezin de los niños jugar
con la muerte común
mientras pintaban el cielo azul,
mientras soñaban con corretear,
mientras creían aun en el mar,
y los llevaban a caminar para no regresar.

Terezin, pelota rota.

Sed de tardes ya increíbles
saltaron locas las altas tapias,
y el amor, irreductible,
quedo colgado en alambradas de Terezin.

Terezin, pelota rota

(1968)

 
Judith
 
 
A Joaquin que se la gano

No puedo dejarte de ver
arañando el silencio con tus ojos,
tratando de decir algo
algo que las palabras
nunca hubieran dicho mejor.
Aquella mirada era el resumen
de la noche posada en tus ojos,
con su lluvia, su viento y tu miedo al mar
de aquel sueño que te conté.

No puedo dejarte de ver
describiendo una estrella descubierta por mi
en tu erótica constelación, que no cabe
en los mapas del cielo.
Tu mano, dibujando en el aire,
era capaz de ponerle color
al espacio vacío, que se llenaba
con la luz de la estrella brillante.

Cuida bien tus estrellas, mujer,
cuida bien tus estrellas.

No puedo dejar de decir
que hay idiomas perfectos por descubrir
y que son olvidados frecuentemente
en el tedio del tiempo. Y que hay que buscarlos,
porque los barcos y las piedras
tienen abecedarios mejores
para demostrar que son bellos sencillamente,
sin palabras o esquemas.

No puedo dejar de decir
que esta triste canción
a tu lado oscurece,
que quizá este sea el ultimo misterio
que mirarán tus ojos nacer de mis manos
pues es tarde quizás para mi
y Cain me ha marcado sobre la frente.
Pero quiero alertarte de un gran peligro
y quisiera encenderte esta frase en la mente:

Cuida bien tus estrellas, mujer,
cuida bien tus estrellas
y que nunca las pierdas

(1969)

 
Una mujer
 

Una mujer
Una mujer
Una mujer con cristales de mar
Viaja dentro de mí coloreando mi sangre
Quitando el carbón
Que ha tapado mi buen corazón
Que ha tapado mi buen corazón

Una mujer
Una mujer
Una mujer
Que no es celestial
Sobre un potro partió
Hacia todos los pueblos
Que habitan en mí
Y ha tenido un camino feliz
Y ha tenido un camino feliz

Pobre de mí
Pobre de ti
Pobre de todos los que amen así
Sobre un potro que vuela
Añorando barrancos
Tan cercanos que lucen mortajas
De blanco

Pobre de mí
Pobre de ti
Pobre montura que cuelga el amor
Sobre tantos desastres y canciones
Y mangos sobre tanta cansada emoción
Qué desgaste

Una mujer
Una mujer
Una mujer no esperada por mí
Cabalgando llegó
A cavar en mi tierra
Su nombre y canción
Y a soltar bajo fianza el amor
Y a soltar bajo fianza el amor

(1969)

 
El papalote
 

Será por tu vivienda
hecha de ruinas
y de misterios,
porque partías la roca
para ganarte un par de medios,
o por tus tirapiedras,
los mas famosos de la loma,
de la mejor horqueta
de la guayaba, y duras gomas.
Será por todo esto
que mi memoria
se empina a ratos,
como tus papalotes,
los invencibles,
los más baratos;
y te levanta en peso,
Narciso el Mocho,
para ponerte
entre los elegidos:
los que no caben
en la muerte.

El papalote cae, cae, cae, cae, cae
el papalote cae, cae, cae, cae, cae
se va a bolina la imaginación
buena cuchilla lo picó

Una vez de tus manos
un coronel salió brillando.
Qué pájaro perfecto,
cuántos colores,
qué lindo canto.
Ninguno de nosotros
iba a volarlo
ya se sabía
era un encargo caro
del que mandaba,
del que tenía.
Llevabas en el puño
aquel dinero
de la tristeza,
dinero de aguardiente,
del sol de Cuba,
de la cerveza;
y te seguimos todos
a celebrarlo
sucios y locos:
para ti Carta Oro
y caramelos
para nosotros.

El papalote cae, cae, cae, cae, cae
el papalote cae, cae, cae, cae, cae
se va a bolina la imaginación
buena cuchilla lo picó

Una noche respeto
bajó y te puso
bella corona.
Respeto de mortales
que muerto al fin
te hizo persona
pobre del que pensó
pobre de toda,
aquella gente,
que el día mas importante
de tu existencia
fue el de tu muerte.

El papalote cae, cae, cae, cae, cae
el papalote cae, cae, cae, cae, cae
se va a bolina la imaginación
buena cuchilla lo picó.

(1972)

 
Fusil contra fusil
 

El silencio del monte va
preparando un adiós.
La palabra que se dirá
in memoriam será
la explosión.

Se perdió el hombre de este siglo allí,
su nombre y su apellido son: fusil contra fusil.
Se quebró la cáscara del viento a sur
y sobre la primera cruz despierta la verdad.

Todo el mundo tercero va
a enterrar su dolor.
Con granizo de plomo hará
su agujero de honor,
su canción.

Dejarán el cuerpo de la vida allí,
su nombre y su apellido son: fusil contra fusil.
Cantarán su luto de hombre y animal
y en vez de lágrimas echar, con plomo llorarán.
Alzarán al hombre de la tumba al sol
y el nombre se repartirán: fusil contra fusil.

(1968)

 
Hoy es la víspera de siempre
 

Hoy es la víspera de siempre,
los días, eternamente
no me dejan definir.
Y siempre estoy como esperando
que cuando, al fin, pase algo
aún me quede por decir,
por sentir,
por retener,
un pedazo siquiera de mí.

¡Qué tal, tú!
Hoy es la víspera de siempre.
Da igual,
hoy ha salido el sol
por ese lugar
en que suele aparecer.

¡Qué tal, tú!
Es delicioso conocerte
y me da igual
verme de pronto en un recodo,
y total,
volver a desaparecer.

¡Ay, la vida!
que se llena de instantes,
que se llena de gentes,
que se llena de igual.

¡Ay, la vida!
con su víspera muda,
con su infancia desnuda
con su ocaso fugaz.

(1968)

 
Por muchos lugares
 

Por muchos lugares pasaba la historia.
Tu leías a Whitman, con estilo triste.
Tus alrededores ya estaban poblando
de sed las palabras que usaste esta tarde.
Entonces ya estaban previstos tus gustos:
cada vieja fecha posee esas artes.

Por eso no es raro que muchos no entiendan,
pues muchos supimos de los mismos rumbos.
Por eso no es raro que nadie domine
la riendas de todos sus mundos.

Por muchos lugares pasaba la historia.
El antiguo Egipto ya nos condenaba.
Todos conspiraron para reprimirnos
y como las lluvias vinieron las guerras.
Y el tiempo ha llorado detrás de estructuras,
pues nada se salva del orden perfecto.

Por eso no es raro que muchos no entiendan,
pues muchos supimos de los mismos rumbos.
Por eso no es raro que nadie domine
la riendas de todos sus mundos.

Por muchos lugares pasaba la historia.
Ya cada palabra era una duda
y elegir la clave de cada conciencia.
y a ti tan pequeña y resumen del mundo,
todo te tenia que arder cuando viste
moros en las costas de cada palabra.

Por eso no es raro que muchos no entiendan,
pues muchos supimos de los mismos rumbos.
Por eso no es raro que nadie domine
la riendas de todos sus mundos.

Por muchos lugares pasaba la historia.
El mundo era un vasto sembrado de huesos
y las hortalizas un día crecieron
nutridas del jugo vital de los cuerpos
y supe que escombros regados por tierra
pueden fecundarle mañana la entraña.

Por eso no es raro que muchos no entiendan,
pues muchos supimos de los mismos rumbos.
Por eso no es raro que nadie domine
la riendas de todos sus mundos.

(1968)

 
Cuántas veces al día
 

¿Qué silencio es culpable de la muerte de un hombre?
¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes?
¿Qué silencio maldito ha cegado algún nombre?
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

No busquen más alrededor.
Ustedes son, no busquen más.
No es el de atrás, ustedes son.
No es el de al lado, no,
eres tú mismo, sí,
el que sonríe bien, el que sabe callar.

¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?
¿Qué silencio aprendido nos preserva la vida?
¿Qué silencio oportuno nos convierte en prudentes?
¿Qué silencio asesino nos llena la barriga?
¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

(1968)

 
El barquero
 

Un buen día quizás un barquero
se lanzo tras el mar del recuerdo
Era un barco pequeño en el tiempo
pero había fe,
pero había un raro esplendor en sus ojos,
pero había un místico afán de por que,
pero había fe.

Una dársena es solo una entraña;
mar de invierno es tal vez la mañana;
barco chico es quizás alma clara;
y aunque haya fe,
y aunque haya un flujo de amor en mi frente,
tanto se hunde mi rostro en la gente,
que ya no se.

Ya me canso de tanto hablar,
si esta dicho todo hasta el fin.
Que mas ruido que el de escuchar
de la vida, todo el trajín.
Tanto espacio entre mi voz
y el oído que ha de esperar.
Nada tengo que decir yo
miren todo y me escucharan.

Un buen día quizás un barquero
se lanzo tras el mar del recuerdo
De su barco, entre grito y silencio
aun no se sabe
cual de las tantas ha sido su suerte:
si hallo la vida o se fue con la muerte
o simplemente se perdió.

(1968)

 
Discurso fúnebre
 

Ayer mataron a un lobo
en la puerta de mi casa
con la cabeza vencida
sobre la acera soñada.

Observaba la bodega
donde peleaba y dormía,
con la pupila vidriosa
miraba pasar el día.

Y los niños de su mundo
hablaban en voz muy baja
de su mirada.

Para el resto de la tierra
allí había un perro muerto,
un perro que en unas horas
estaría descompuesto.

Había que limpiar la acera
de aquella mancha oscura.
Para el resto de la tierra
un perro muerto es basura.

Pero los niños jugaban
y volvían a su lado
siempre callados.

Lobo, yo sí te recuerdo
echado al camino
con el sol curándote el lomo deshecho.
Te andará la noche
batallando con tus enemigos.

Lobo, yo sí te recuerdo,
yo también sabía
dónde, cómo y cuándo dormías tu sueño.
Para esos asuntos
no he crecido mucho todavía.

Cómo no iba a recordarte
si estás ahí desde mi niñez
en un paisaje diferente pero igual,
si a todos nos pasó una vez

Cómo no iba a recordarte
si tu misterio es más feliz
que muchas cosas que tenemos que contar
a costa de una cicatriz,
como de un hierro caliente
que deja la memoria ardiente
sin la nobleza de tu muerte
y sin un beso con más suerte
que no sea la de maldecir.

(1971)

 
Epistolario del subdesarrollo (o No tengo que cerrar los ojos)
 

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Para ver aquella tarde en que Noel y yo cantábamos
Y nos interrumpían pidiéndonos
Canciones de Manzanero

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Para ver las servilletas del Hotel Nacional
Decorando el Congreso Cultural
Que las pusieron lindas casi psicodélicas y todo
Pero ahora se han descosido
Las puntas y ya no es fresco comer ahí

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Para ver las medias de hilo tan mal hechas
Que se hacen las muchachas
Que no pueden ir a Londres a comprarlas

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Para ver a los pobres muchachitos
Que arreglan como pueden sus pantalones
Y los convierten en campanas
Sordas o sórdidas

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
Lo mal que tiñen nuestros tintes
Que se le caen de la ropa a las muchachas
De cintas que quisieran ser tan brillantes
Como el eastman-color
Porque quien que haya visto
Juega de masacre no ama el color para siempre

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
No tengo que cerrar los ojos para ver
Lo que es nuestra moda a go-go
Nuestros peinados
Nuestros estilos de bailar siempre a la
Retaguardia de cualquier extranjero

No
No tengo que cerrar los ojos para ver
No tengo que cerrar los ojos para ver
Que nuestros jóvenes
Quieren esas cosas
Que para verlas tengo que cerrar los ojos
Y pensar el futuro
No tengo que cerrar los ojos para ver
No tengo que cerrar los ojos para verlos
Ahora a ustedes apenas dentro del pequeño espacio
De mi guitarra rompiéndose el alma y las manos
Para vivir en un país de buenas servilletas
Pantalones de campanas sonoras
Y colores que hagan palidecer a Europa
A Europa misma, sí
A Europa
¡No tengo que cerrar los ojos para ver!

(1968)

 

Si tomamos en cuenta que cuando grabe mi primer disco llevaba al menos 10 años componiendo, Erase que se Era no es más que mi insistencia en reparar un vacío; un pago mas de mi deuda con la acumulación de experiencias que me llevo hasta Dias y Flores.


A aquellos años provocadores; a la diversidad que nos hizo; a mi soñadora, contradictoria y entrañable generacion dedico estos aprendizajes.


Lleguen además con infinito amor hasta Aída Santamaría y Noel Nicola, seres rotundamente inolvidables.

 
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